Parte 1
El padre de Camila Valdés firmó el papel con la misma mano con la que alguna vez le había enseñado a persignarse, y después la entregó como si no llevara en el vientre a su propio nieto. La oficina del comandante municipal de San Miguel del Monte quedó en silencio. Afuera, el viento de la Sierra Madre levantaba polvo contra los vidrios; adentro, Camila, de 23 años, viuda desde hacía 3 semanas y embarazada de 7 meses, sintió que el mundo se le partía sin hacer ruido.
—La deuda queda saldada —dijo don Aurelio, su padre, evitando mirarla.