“Lo sé”, respondí.
Y mientras salíamos juntos de la escuela, me sentí como una mujer que había elegido qué hacer con su poder.
Y por primera vez en dos décadas, el recuerdo de aquel incidente no me causó angustia.
Me dio un cierre.
“No desperdiciaré esto”.
¿Tenía razón o no la protagonista? Discutámoslo en los comentarios de Facebook.